25.7.16

No será peor de lo que era. Contigo, solo es mejor.

A lo largo de la vida nos proponemos tantas cosas que a veces perder la cuenta es lo más sensato que tenemos entre manos. Nos proponemos llevar el pelo suelto y las uñas largas, la mirada alta y los miedos al aire, por si un día, de casualidad, algún dios se apiada de nosotros y aparece nuestra media naranja. Nuestra alma gemela.

Yo, alguna vez, pensé que tal vez ya nunca, nadie, que solo tenía que hacerme la idea. Pero entonces un día, la vida me enseñó que cuanto menos, más. Que cuanto menos lo buscas, más lo encuentras. Y lo encuentras en quien menos te imaginas.

Casi metro setenta y no sé cuantos kilos de incondicionalidad. Ojos café. Cintura de avispa y caderas de infarto. Mi media naranja. Mi otra mitad. Mi alma gemela. Mi mejor amiga. Con la que no necesito subtítulos. Con la que salir a la calle por cualquier ciudad, a cualquier hora y con cualquier atuendo es una aventura. Qué ternura tener a alguien que no te juzga a pesar de las mayores putadas y de los mayores errores que puedas cometer. Y por momentos, no es que la quiera con locura, es que comparto con ella hasta los pensamientos que no digo pero que ella lee en mí.

Eres lo que pensé que jamás iba a merecer, así que ya sabes, llámame. Llámame si tienes ganas de reír, llorar, gritar o callar. Llámame y dejaré lo que esté haciendo, sea por la mañana temprano o de madrugada si no puedes dormir. Llámame y bailamos. Llámame y cantamos. Llámame y nos perdemos. Llámame y no te olvides, de que sería capaz de acompañarte a la Luna para hacer juntas, algo que solas no nos atreveríamos a hacer. Llámame y hazme sentir de nuevo orgullosa de la hermana que tengo. Llámame y te lo repetiré: que sin ti, yo ya no soy yo.


Feliz mayoría de edad internacional. Ya no hay marcha atrás. Nuestro pisito compartido nos está esperando. Tú eliges la ciudad. Te quiero con locura. 

8.6.16

Declaración de intenciones.

Los seres humanos tendemos a ir por la vida como seres sabios e inteligentes, como poseedores de un don que la vida nos ha dado y que tenemos más que merecido. Hemos conquistado el mundo. Los seis contienes que hemos descubierto, los océanos y los mares que nos rodean, e incluso queremos conquistar el espacio. Queremos que todo sea nuestro a toda costa, cueste lo que cueste. En el amor y en la guerra, todo vale. El fin justifica los miedos. Sí, los miedos. Y es que somos unos egocéntricos, y supongo que ese es el precio que tenemos que pagar por tener lo que tenemos.

No hemos tenido suficiente con conquistar lo que la naturaleza nos da que encima también queremos conquistarnos los unos a los otros. Y no nos parece cruel, nos parece romántico. Nos encanta que alguien "se lo curre" para conquistarnos. ¿No es muy parecido a lo que hacen con la ropa? La customizan y la preparan al más mínimo detalle para vendértela. ¿Nos estamos dejando comprar? Esto puede parecer muy exagerado, muy catastrofista o muy despechado, pero realmente me lo pregunto. ¿Somos simples almas que se pasan la vida comprándose unas a otras?

El caso es que a todos nos encanta ese momento en el estamos intentando conseguir la atención de alguien, o cuando alguien está intentando buscar tu atención. Es eso, nos estamos invadiendo, como Colón hizo con América. Nos estamos conquistando. Nos estamos perteneciendo. En la escritura romántica eso es lo más maravilloso que a la protagonista (que es fea y un desastre al principio pero preciosa y una princesa al final) le puede pasar. ¿Pero y en la vida real? Por mucho que te conquisten no vas a dejar de tener ese grano en el tabique de la nariz o vas a dejar de tener celulitis en tu enorme culo. Cuando le pertenecemos a alguien creemos que esa persona nos va a hacer mejor, que con ella estamos mejor que con nadie, y por supuesto, que es indispensable en nuestra vida. Pero la realidad es que cuando alguien siente que te ha conquistado, deja de hacerlo, y sólo te moldea en base a sus preferencias personales (normalmente sexuales).

Cuando te crees sumisa a alguien, te conviertes en la sombra de unas decisiones que no son las tuyas, de unas palabras que no salen de tu boca y de unas acciones que no componen tu vida. Terminas siendo arrastrada por alguien que ya no tiene interés  alguno en conquistarte, porque ya lo ha hecho. Esto es como el calentamiento global. Al principio el planeta era verde y precioso, los animales vivían libres y la vegetación crecía a sus anchas por donde quería. Los mares y océanos estaba desbordantes y las nubes eran tan blancas que reflejaban la luz. Pero llegaron nuestras ansias de poder y de superación y construimos ciudades, presas, barcos y coches que desprenden más petróleo que cualquier tierra rica del planeta. Y lo mismo hemos hecho (y estamos haciéndolo) con las relaciones interpersonales. Hemos puesto ticks celestes a las conversaciones; puertas, ventanas y candados a los pensamientos; y propietarios a los corazones.

Pensándolo bien, no merece la pena ser la dueña de nadie y mucho menos ser el objeto de nadie (y no hablo de objeto por ser utilizado o "mal-utilizado", lo digo por asemejarse a la ropa de antes). El amor es libre, la amistad es libre, el pensamiento es libre. La incondicional es sólo una habilidad humana que muy pocos poseen, y que muchos echan en cara. Y la humildad es eso que en la humanidad escasea y que tanta falta hace.

No te creas el dueño de los pensamientos de nadie o el dueño de las acciones de nadie, porque solamente uno mismo sabe por lo que está pasando, y solamente uno mismo puede decidir cómo pasarlo.

14.4.16

Recuerdo.

Recuerdo ir caminando por aquellos pasillos. Recuerdo que a ratos el sol acariciaba las ventanas, a ratos las nubes enfriaban el suelo hasta hacerme temblar. Pasamos por una de las puertas más grandes de ese lugar, miré hacia donde una voz grave pero aterciopelada me llamaba la atención. Y me crucé con su mirada. Una mirada marrón, llena de cafés templados, una mirada que se te clava hasta donde dejes que que te clave. Que te ancle. Y él me toqueteó entera en las milésimas de segundo que nuestras pupilas pasearon cogidas de la mano.

Recuerdo haber pestañeado. Y sin quererlo saboreé la saliva de sus labios al morderme los míos. Los pulmones se llenaron del aroma que se esconde entre las grietas de sus labios. Moví los dedos delicadamente acariciando al aire, pero mis cinco sentidos le estaban acariciando el pelo mientras sus manos se escabullían entre mi blusa y mi piel. Y sin tentarlo ni provocarlo, cerré los ojos cuando el sol calentaba el cristal, pero a mi piel la calentaba el agua caliente de una ducha a la hora exacta en la que no hay ni un ruido en el edificio. Sentía como las gotas de agua resbalaban desde el nacimiento de mi pelo hasta mis pestañas y se precipitaban, algunas contra mis pechos, otras caían silenciosamente al suelo de la ducha. Y de repente, dos focos fríos se aferraban a mis caderas, eran sus dos manos llevándome hasta él, hasta su cuerpo desnudo, hasta donde no hubiera nada que nos separase. 

Y el pecho se me llenó de emoción al verlo llegas con esa sonrisa de ganas, con esas sonrisa que sabe a sexo duro y amor del sucio si la beso. Y le besé cerrando los puños en medio de aquel pasillo. Y llené los pulmones de ese desodorante que se echaba después de ducharse a media tarde, y me mordí los labios a la par que mordía los suyos, y ese cosquilleo de cuando dos salivas bailan en una boca mientras dos cuerpos se bailan sin ropa.

Recuerdo haber pestañeado y mirar atrás, y allí estaba él, manteniendo la mirada sin saber que yo ya le había hecho llegar al orgasmo en los tres pestañeos que no dio. 

24.12.15

Hoy

Una vez me dijeron que si no sabía lo que sentía o no sabía cómo sentirlo, que lo escribiera. Sobre lo bueno o lo malo, sobre la guerra, el amor, el sexo, el orgasmo. No importa si el príncipe azul estaba de paso o si el hombre del saco quería quedarse. Que lo escribiera, en verso o en prosa. Qué más daba. Que me lanzara aurícula dentro con destino ventrículo izquierdo. Directa al alma. Y hoy estoy en sangre.
La vida me ha comprado 20 años que no he sabido utilizar. Aunque sí que he aprovechado. He amado hasta sentir que mi piel pertenecía a otro cuerpo, y he sufrido hasta creer que la salida de emergencia no sonaba tan mal aunque no fuera opción. He cometido errores. Y vaya orgasmos. Perdón, vaya errores. La vida me ha vendido a precio de pistola y bala más de una lección, más de un monstruo que a día de hoy me atemoriza, me acuchilla. Y yo aquí, sin poder gritar.
Y ahora es el momento de coger al toro por los cuernos. O mejor aún. Es hora de coger a la vida por los huevos y aceptar, que el miedo no me va a dar más sonrisas, ni más caricias, ni más orgasmos, ni más besos. Y que si le planto cara, quizás, solo quizás, el gato no muera por la curiosidad. Si no que sea esta, la que se desangre entre las garras del gato.

Y puede ser, 
que entre línea en prosa y verso,
descubra al fin 
que la vida aún va a comprarme más años,
y más pistolas, 
y más balas,
pero que solo yo decido
por quién apretar el gatillo.

9.6.15

Cristalización.

Con tormenta en los ojos y arena en la boca. Con un cerebro que tiene como manía el dibujar monstruos en cada ser amado. Digo monstruos por no decir miedos. Con las manos cosidas por la inseguridad. Con la certeza de quien lo ha dado todo y se ha quedado con lo único que nadie le puede robar; la desnudez de las grietas que con puntos sin anestesia ella misma tuvo que coser. Con gritos entre vértebras. Y lágrimas entre costillas. Un esternón que está cansado de la hiper-ventilación de unos pulmones que quedaron más secos y vacíos que los mismos surcos de Marte. Porque todo líquido fue expulsado por la verde pupila que terminó por evaporarse a falta de algo (o alguien) a quien observar. 

Si total, ya he estallado a corazón abierto. He llorado sin taparme la cara. Cada grito que he pegado ahora suena a cristales rotos por dentro. Le he llorado a esos miedos. A esos monstruos. Que con unas de sus mejores caras consiguen la calma para luego engañarme. Y romperme. En mil pedazos. Otra vez. Y con la inseguridad cosida a mis manos, me abrazo. Y aprieto tan fuerte que escucho crujir a ese esternón destruido, a esas costillas ahogadas. Y me oigo a mí misma, desgarrándome la voz desde el ventrículo izquierdo, diciendo que quiero salir. 

Los abro. Los ojos. Despacio. Me sirvo una pequeña dosis de lo poco que me queda dentro. Con dos hielos y limón. Y hierbabuena. Y brindo por todo lo malo que sé que me queda por sufrir. Porque por lo bueno ya brindaré. Con ginebra del malo, pero a grandes escalas. Y sin ganas, sin ropa y con resaca emocional me vuelvo a mi ventrículo, a esconderme de mi cerebro y sus pinturas tan brillantes y tan impactantes. Por no decir aterradoras. Tiro todo de nuevo por la pupila y le devuelvo a mis ojos, el estruendo de la tormenta. Tormenta que no quiere abandonar. 

14.3.15

Ella.

Se levanta cada mañana con las esperanzas renovadas y las ojeras multiplicadas por diez. Se mira al espejo y descubre en él a la durmiente que nunca fue bella, hasta conseguir reflejar la cara que la sociedad quiere ver. 

Pasa la mañana fingiendo serenidad y vitalidad, gobernada interiormente por una ilusión. Una que solo vive en su cabeza, en silencio. Pero ella sueña con un momento horas después, cuando el silencio se rompe y todo cobra sentido. Pero las agujas del reloj siguen girando y todo se vuelve a desvanecer. Y así sucesivamente a lo largo del interminable pero finito día.

Y cuando llega la hora de dormir, ella se mete en la cama con su ilusión muy cerca, en su cabeza y entre sus pulmones, rezando y pidiendo a los cielos que en el despertar siguiente su ilusión cobre un poco de realidad, y que la soledad sea más pasiva con ella.

Ella solo pretende no resquebrajarse más. Recomponerse. Volver a ser la chica de la ilusión cogida de la mano.

22.1.15

A la tercera va la vencida.

Como una niña pequeña, de cuclillas, soplo frente a la tapa llena de polvo de un libro. Con poca luz y medio a oscuras, empiezo ya a preguntarme ¿pero cómo fui tan tonta?

"Querida yo a los 14. Tírate de una vez a la piscina. Móntate en la bicicleta y aprende a caerte sin miedo. Sal más. Llora menos. No te martirices a ti misma porque nadie te besó con real sentimiento, piensa que solo tienes hormonas masculinas bailando alrededor de ti. Grita más y escóndete menos. Ten cuidado con esa arpía, hoy te dice que eres su mejor amiga pero mañana se irá. No le des ni un solo trocito de ti, o se terminarán llevando hasta la última costilla que te quede. 

Querida yo a los 16. No te obsesiones. No confundas el amor con un capricho. No creas que lo sabes todo y déjate ayudar. No malgastes tu tiempo en un par de ojos y un montón de pestañas. Tan solo es un cara bonita. Tan solo es un humano más sin humanidad. Querida yo a los 16, no te enamores.

Querida yo a los 18. Desmelénate. Haz locuras y no pienses las cosas dos veces. Entrégate, pero ten cuidado. No des más de lo que tienes ni recibas menos de lo que mereces. Mantente firme, no des tu brazo a torcer. Disfrútala, visítala, o cuando quieras hacerlo ya será tarde. Sé fuerte. La tormenta es eso que definen como aquello que precede a la paz. A la libertad.

Querida yo a los 20. No le pierdas, por favor. ¿Qué me tienes preparado? Dame pintalabios corridos y dolor de pies; dame trenes, aviones, autobuses. Dame orgasmos, sexo y rock and roll. Prométeme que vas a aprender, que dejarás de ser idiota. Júrame que aprobarás, y que irás a la playa, te pondrás morena y pasarás de los demás y pasearás tu culo de cala en cala con su mano pegada a él."

Y aquí sigo, como una cría de cuclillas, y me prometo que me comportaré como tal. Que volveré a confiar, como confían los niños cuando sus padres les arropan la noche de Reyes, como confían los perros de sus dueños. Que dejaré de tener miedo de mí misma, y me ayudaré a recomponer con la saliva tan peculiar que tiene el invierno, todos los pedazos de los sueños requebrajados. 

Y me respaldo, a mí misma, hasta que cumpla los 20, para cerrar la segunda década de mi libro (y empezar la tercera) dejando de sobrevivir, 
y comenzando a vivir. 

28.12.14

Desastre, por favor.

¿Sabías que el 28 de Abril de 1887 se realizó la primera carrera automovilística de la historia? ¿Y que el mismo día en 1862 comenzó la Batalla de las Cumbres en México? ¿No lo sabías? Pues mejor, olvídalo. Porque ni todo eso, ni que Hitler se casara en la misma fecha en 1945 me importan. 

El centésimo decimoctavo día del año me pertenece, porque experimenté de primera mano ese "cuanto más te odie más te estaré queriendo". Porque desde entonces yo ya sabía que estaba perdida. Y que no me iban a encontrar. Pero no vengo a hablarte de lo jodidamente cursi que me pongo al hablar de él, o de lo sumamente capullo que es cuando hace lo imposible por hacerme rabiar. Solo vengo a darle las gracias.

Las gracias por ser esos 5 minutos más que me regala el despertador los lunes, o el olor a tostadas y café recién hecho de por las mañanas. Por ser un huracán revolviéndome las pestañas y despeinándome el pelo como cuando te plantas frente a la tormenta y dejas que el viento te roce la cara. Por ser solamente el subidón al estar colocada y la euforia de estar borracha. Por saber que cada vez que me irrita con una de sus gilipolleces, es una forma diferente de decir que me quiere. Por dejarme verle ahí sentado, mirándome como si solo conmigo bastara, y por reírse sin dejar que yo aparte la mirada porque sabe que me tiene totalmente ganada. 

Por ser el salvavidas que me saca a flote cuando las peores olas acechan, y ser la copa de Ginebra en las mayores fiestas. Por ser el único capaz de hacerme escribir poesía, prosa, literatura o lo que Dios sabe qué sea esto. 

Por ser la única persona que me respeta más que yo misma.

16.11.14

Me declaro fan de tus 17 otoños.

Qué más dan los kilómetros que separan nuestros hombros si ahí estás. Si ahí está tu clavícula para sacudirse conmigo entre risas y para darme cobijo y recoger mis lágrimas cuando me desborde el llanto. Qué importan las jodidas paradas de tren que hay entre tú y yo si de vez en cuando, con chocolate (y caldo de caracoles) empezamos a hablar. A soñar quiero decir. A planear y a desvirgar los secretos más profundos que solo nuestros oídos saben. Y que nuestras bocas nunca dicen.

Hay sonrisas que sacan sonrisas. Y luego está la tuya que como el caballo de Troya, hace que arda cualquier ser humano que la vea. Que arda en felicidad. Porque por muy puta que sea la vida (o las personas que hay en ella) cuando curvas los labios, lo es mucho menos. Qué más da el sabor amargo del caramelo quemado en los labios, putrefacción en las venas, ardores de estómago o algún orgasmo sin sentido, si luego me haces una buena torre de tortitas con nata y sirope que quita hasta la más jodida de las penas. 

Vaya con tu incondicionalidad. Qué hija de puta. Que no me deja respirar. Que no me deja decir ni una sola mala palabra sobre ti. Y así me va, queriéndote a rabiar y con un puñado de palabras halagadoras hacia esta diecisieteañera novata que no me abandona ni para ir a comprar el pan. Que está ahí, día tras día, año tras año. Tres años van ya. Tres años que hemos vivido separadas y míranos. Que nos volvemos a ver y es como si el tiempo no hubiera pasado. Como si el granito de arena del reloj se hubiera quedado congelado. Y no cae hasta que corres por la estación para darme un abrazo. 

Feliz cumpleaños mi chica. Mi hermana. 
Sigue creciendo tan fuerte, honorable, preciosa, honesta y fascinante como hasta ahora. 
Te amo.

1.11.14

Respuestas.

Imbécil el que ha desaprovechado unos labios como estos. Tengo andares de insegura, mente de insegura, sonrisa de insegura, porque me hicieron creer que era así. Hasta que un día descubrí que de una boca también salen balas. Que tenía que quererme yo antes que cualquier capullo que, sin reparos me hubiera obligado a olvidarme. Me dí cuenta de que tengo siete vidas, y que en realidad solo he malgastado una de ellas y que gastaría las otras seis en enamorar a quien de verdad mereciese la pena. 

Y ahora empiezo a preguntarme por qué soy la chica a la que coges de la mano en un paso de cebra, la que presentas a tu familia, la que te follas en cualquier portal y cuidas por las mañanas en tu cocina. A la que preparas lo único que sabes cocinar. La chica de la que hablas a tus amigos y les dices lo increíble que es, lo guapa que está cuando llega de la calle y se pone esa camiseta ancha tuya que tanto le gusta. Aquella a la que miras como si fuera una niña y a la que amas como a una mujer.

Debería empezar a preguntarme por qué me coges de la cadera en medio del paseo marítimo como si fuera tu mayor tesoro robado. Por qué me mandas mensajes a las 4 de mañana antes de ir a dormir, y me pides que sonría. No porque esté más o menos guapa, sino porque así me haces la vida menos hija de puta. Debería empezar a preguntarme, también, por qué resuelves la ecuación que traigo entre caderas (que mi enunciado es muy simple y la solución son unas cuantas caricias de más)

Y puede ser, simplemente, que haya encontrado 
al que trae la primavera en los ojos
el verano entre las piernas
invierno en sus palabras
y otoño en las pestañas.
Aquel con el que valdría la pena gastar las seis vidas que me quedan.

17.10.14

Tormenta.

Y mis párpados comienzan a abrirse despacio. Como si tuvieran miedo de lo que se extiende ante ellos. Me observo por dentro. No es un infierno cualquiera. Soy yo. Todo oscuro, espeluznante y húmedo. Cada rincón me mira entre gotas de lluvia. La niebla recorre mis costillas adentrándose en los alvéolos. Sin respirar. Destruyendo. Destruyéndome. Las ganas se tiran por el precipicio del esternón, queriendo ser las primeras que llegan a las caderas. Sin conseguirlo.

Según la Real Academia de mi propia lengua, la vida es aquello que los imbéciles dejan esfumar mientras se preocupan de satisfacer. No satisfacerse, si no satisfacer a los demás. Me desenredo los sueños y dejo los recuerdos bien doblados debajo de la almohada. Y las ganas suicidas se quedan a los pies de la cama. Me preparo el desayuno. Me desayuno. A mí misma. A ver si hay algún milagro de salir a flote. Mientras me doy un baño de agua fría. Entre cubitos de hielo que congelan las antiguas promesas y las desechan por el desagüe. 

De puntillas salgo al mundo. Ajena a todo y a todos. Evitando no dejar huellas, ni dactilares ni sentimentales. No vaya a ser que hagan algún rasguño innecesario. Y el silencio acompaña a los tacones rotos, al pintalabios corrido. Y a los gritos ahogados en la mano izquierda. 

Yo, que soy la musa barata de algún poeta borracho que no quiere ninguna musa, me mojo en esa niebla que no me deja ni inhalar ni exhalar, preguntándome por qué hasta ahora la salida de emergencia no me había resultado tan tentadora. 

28.7.14

¼ del primer año de mi vida.

Haces magia y pareces no darte cuenta. Besar. Sentir. Renacer. Brillar. Equivalen a trucos de magia. A conejos que saltan de chisteras. Y como palomas sacadas de una manga aterrizas en las blancas sábanas y me abrazas por la espalda. Como si recorrer la habitación y llegar a donde estamos los dos fuese como recorrer el mundo entero. 

Besarte es curarme. Logras sacar de mis 5 vértebras cervicales todos los monstruos y los temores. Las inseguridades que me atormentan y me persiguen hasta las cenizas cada noche haciendo imposible cada día. Desdoblas las ganas que me faltaban, ahogando las desilusiones y las pesadillas. 

Las venas, las ganas. Las arterias, los miedos. Todo empieza y muere en nuestros corazones. El vaivén, la poca luz. El aire, la electricidad. Nuestras manos aferrándose con un cinturón de seguridad que no cesa ni en las peores turbulencias. Rozando el cielo en el primer beso. Bajando al infierno cuando me muerdes el cuello. Vendiéndole por qué no's al diablo a cambio de placer extremo entre tus dedos. Porque nunca habrá viento demasiado fuerte. Nunca habrá huracanes demasiado rápidos.

Yo necesitaba a alguien que no me rompiese. Tú eras poeta y me clavabas cada sílaba en cada costilla, hasta que se escuchaba crujir. Y encontré a alguien que rompía muros por mi. Por qué evitar sentimientos que te hacen desplegar alas por miedo de estrellarte contra el suelo. Por qué evitar al corazón, si de todas formas iba a seguir palpitando dentro de mí y rasgándome los vestidos. Esos que hace tres meses me quitaba sola y que hoy me quitan tus manos, grandes. Esas manos que abarcan el hueso de mi cadera que tantas noches besaste. Y latimos. Juntos. Y para qué más. 

Esta magia no es un truco al alcance de cualquiera. Pero claro, tú tampoco eres cualquiera.

(en tres meses ir curando cada cicatriz de nuestro pasado abriendo gritas de placer en el presente. 
rimar más meses entre tu clavícula y nuestros sueños.
un roce más en un punto exacto, y me desmoronas todas mis inseguridades.
derecha, izquierda, arriba o abajo, eso no importa mientras no te muevas de mi lado.
te amo)

26.7.14

Mi octava maravilla.

De pequeña me enseñaron que si no sabía algo, tenías que buscarlo en el diccionario. Y eso he hecho. 
amor
(Del lat. amor, -ōris).
1. m. sentimiento intenso del ser humano que, partiendo de su propia insuficiencia, necesita y busca el encuentro y unión con otro ser.
2. m. Sentimiento hacia otra persona que naturalmente nos atrae y que, procurando reciprocidad en el deseo de unión, nos completa, alegra y da energía para convivir, comunicarnos y crear.
3. m. Sentimiento de afecto, inclinación y entrega a alguien o algo.
4. m. Tendencia a la unión sexual.

He encontrado que eres amor. Y ya sé por qué te quiero tanto. Porque eres casa. Eres ese viaje de ida. Eterno. El que no acaba nunca. Eres café por las mañanas. Tú contra Morfeo. Ganas tú. Despertándome. Besándome. Abrazándome.

Eres deseo, sexo, pasión, fuego, vicio. La ropa tirada de mala manera en el suelo. Los prejuicios contigo se quedan a los pies de la cama. Y a patadas los echamos. Temblando. Eres orgasmo. Éxtasis.

Eres creación, inspiración. Como cuando por inercia las olas del mar chocan contra las rocas. Tú por inercia me chocas una letra contra otra produciendo efectos secundarios como este. 

Eres impulso. Cerrar los ojos y que lo único que me detengan sean los semáforos en rojos y las señales de stop. Eres refrán. Aún rompiendo algunos falsos mitos como que todos los caminos llevan a Roma. A mí, todos los caminos me llevan a ti. Esperándome. O esperándote. Pero siempre tú. Perderme, con nuevas salidas y las mismas llegadas. Pero siempre tú.

Eres felicidad, brillo, unidad, belleza y risa. Eres sentimiento, incondicionalidad. Eres el que hace improbable lo imposible. Porque en la improbabilidad, siempre hay una posibilidad. 

Eres uno entre siete billones. Eres mi siete billones personal. Eres mundo, planeta, naturaleza. Eres las 3 patas de mi banco y la única pata de mi mesa. Eres reloj de arena y un botón en pausa. 

Y qué le hago yo si es que mi autosuficiencia no puede sobrevivir sin ti. Si eres mi necesidad más necesitada, mi mayor virtud y mi comida preferida. Eres el azul cielo más claro y sin nubes de todo el año. Y perdurarás. 

Porque eres el anciano arrugado que quiero en la butaca de al lado. Quiero que seas el abuelo de mis nietos.

25.7.14

Nineteen times.

Brillante. Única. Incondicional. Descomunal. Belleza. Alegría. Más alegría. Y felicidad. Fiesta. Increíble. Sencilla. Inteligente. La que más. Un abrazo a las 9 menos 20 cada mañana todos los días durante un curso entero. Y los cuatro que nos quedan, espero.

Que no nos conocemos de toda la vida pero que ya eres más que muchos que llegaron hacen años. Y que te quiero. Imagina cuánto si para mí este día ya está marcado con fluorescente en el calendario, si ya te echo de menos y solo hace una semana que no te veo. Que echo de menos tus comentarios absurdos de aburrida en clase, echo de menos comer juntas y discutir cualquier tema en cuestión, hasta echo de menos esos miles de planes que una vez ideamos y que nunca hicimos.

Quiero que vuelvas ya estés donde estés y darte uno de esos increíbles abrazos que tú solo sabes darme. Completándome. Conectándome. Has hecho mucho, muchísimo por mí, ¿en cuánto? ¿en menos de 9 meses? Un embarazo completo y ya estás casi formando parte de mi familia.

Mi chica cumple ya 19 años y es el primero que pasamos juntas. Bueno, yo en Sevilla y tú en San Diego. Pero juntas. No sabes la de cosas increíblemente buenas que te mereces. Porque eres domadora de sonrisas en cualquier cara, y la mía la tienes tan bien adiestrada que no hay vez que no te vea que no me duelan las costillas y el estómago de reír. Vuelve ya anda. Y sé feliz. Siempre. Porque personas como tú escasean en mi vida y en el mundo. Así que, quédate.

Feliz cumpleaños cariño, sigue tan bonita y tan radiante como siempre.


24.7.14

Puntos cardinales.

Rota. Desganada. Desdeñada. Tibia. Fría. Apática. Indolente. Seca. Inhóspita. Mustia. Sollozante. Extinguida.

Llena de ruido. Ruido que la desenamoraba de la vida. Doblando su cuerpo en dos. Rodeándose con sus brazos. Creyendo que podría partirse por la mitad si lo deseaba un poco más alto. Un poco más fuerte. Como el pinchazo en su pecho. Del ayer. Ayer que cogía polvo, que unía letras y palabras que cada vez tenían menos coherencia.

Enjaulada. Dibujando cinco señales por cinco días. Viendo como las manecillas del reloj seguían moviéndose pero cómo el tiempo se había paralizado. Reloj de arena congelado. Y ella colgando en medio metida en la cama sin ver el sol. Desajustando reglas, perdiendo esperanzas y ganando pesadillas y temores. Esperando que el ruido la hiciese levantarse, espera. La hiciera resurgirse, cree. La hiciese despejarse de aquellas cenizas que ya no eran de ave fénix. Ni de ningún ave. Porque ella ya no sabía volar. Solo sabía echarle cara a los torrentes en contracorriente. Coger su par de remos y tirar hacia delante, aun sin avanzar.

Solo quería releerle la mirada. Una lectura rápida aunque fuese. Pero encontrar música fuera de esa jaula. Un sonido que se colase entre sus poros y poquito a poco le fuese pegando el corazón. Pedazo a pedazo. Ventrículo a aorta. Y dejarse acariciar por la libertad, con la que había soñado tantas veces. Demasiadas. Sabiendo así que podría confiar en ella. En él. Que volvía. Para hacerla feliz, libre. Para hacerla brillar, respirar, volar.

Acariciándole puntos de su vida que ni ella misma conocía.

20.7.14

Vicios que pierden prejuicios.

Y mis manos venga a recordarte cada noche. Derrapo por tu cuello, por tu hombro. Clavícula, esternón. Y tus manos venga a recorrerme cada noche. Y mis ojos venga a correr por la estación buscándote entre caras largas de gente triste. Te veo. Me ves. Te miro. Te sonrío. Me sonríes. Me abrazas. Me metes la lengua hasta el último rincón de mi cuerpo. Me muerdes. Me salvas, me cuidas y atrapas a los monstruos y los humillas. "Ya estoy aquí cariño" Pero yo no me lo creo. Que por fin estés aquí. Que te esté oliendo. Que estés conmigo. Solo conmigo.

Quedémonos con el sentido del tacto, explosivo. Con tocarnos las costillas como si fueran las cuerdas de nuestra guitarra favorita. En nuestros acordes favoritos. Prepárame una ensalada cualquiera porque sabes que de postre te esperan los 2 metros cuadrados de mi piel con tus respectivos 284 lunares, y mi sonrisa después del orgasmo, mejor que cualquier helado de Stracciatella.

Romper todos los vasos del armario para no verlos ni medio llenos ni medio vacíos, mientras gritamos que no podemos parar de querernos. Chillándonos con los ojos que el "no puedo" se ha convertido en un "vamos a hacerlo" El momento es aquí y ahora, aquí y adentro. Siente el tic-tac de la aguja del segundero y haz que los segundos parezcan minutos, que los minutos parezcan horas y cada hora sea tan larga como un maldito año. Quiero sentirte dentro y fuera de mi piel, con los cinco sentidos. O invéntate un sexto si es preciso, pero que no se acabe nunca. Los vecinos nos oyen, pero qué más da. Tú eres cada vez más yo. Y yo soy tú. Nos lamemos, nos curamos las heridas. Nos conjugamos en presente y en plural.

Llámalo egoísmo. Amor. O yo que sé qué mierdas. Pero las ganas de ti me corroen. Me sacias.

Y ahora vete, márchate. Llévate la cuenta atrás en tu espalda. Llévate las ganas de vernos. Llévate, conmigo. Vámonos. Perdámonos en cualquier estación. En verano. En invierno. Perdámonos. Calla al mundo con este adiós que nunca nos diremos. Y si decimos adiós que sea al pasado. A ese que duele. A las puñaladas. A los espejos rotos que han perdido la cuenta de los años de mala suerte. A ese tren que nos separa durante días. Si decimos adiós que no sea a nosotros, pero sí que seamos nosotros. 

Porque nosotros sí se puede conjugar en presente y en plural, cuando toco tu corazón con la punta de la yema del mío.


28.6.14

Dos.

Desde hace unos días, me había decidido a buscar aquello que me faltaba, eso que sentía que se me había perdido y que por su ausencia las palabras ya no brotaban de míi interior. Esta mañana, cuando me has dicho "ay, pues yo quiero que me escribas un tocho así de largo", he encontrado la excusa perfecta para sentarme delante de mi ordenador, y buscarla, a ella, a mi inspiración. He leido relatos de todo tipo, he buscado imágenes que me inspirasen, y nada de ello a servido, nada de ello ha despertado en mi la angustia de tener que decir miles de cosas y no saber por donde empezar. Hasta ahora, que he abierto los ojos y me he dado cuenta de lo que realmente ocurría. Lo estaba haciendo mal, no hay nada que me falte, no hay nada que se asuente y me haga no sentir cosas. Tan solo tengo que saber en qué parte de mi interior buscar. Y tú, so idiota, eres el hueco perfecto en el que alojar mi inspiración, como el hueco que hay en tu cuello donde me alojo minutos antes de irme a dormir. 

Pero no vayas  a pensar que esto lo hago solo porque tú me lo hayas pedido. No. Lo hago porque al fin encontré mi inspiración, el cítrico más dulce que completa a esta media naranja. Yo sé que no soy perfecta, que tengo mis días malos y que no consigo hacerte feliz las 24 horas del día, pero también sé que desde que realmente te conocí hace unos meses, un sentimiento totalmente desconocido por mí se despertó en alguno de los ventrículos que se encuentran en mi lazo izquierdo. Tú me hiciste ver que la vida no es como el teatro, que no se trata de ensayar mil veces hasta conseguir que te salga bien, que se trata de arriesgarse y hacer las cosas sin esperar que nazcan los aplausos y se baje el telón, que se trata de vivir intensamente día a día no tan solo esperando mejorar, si no intentando dar lo mejor de uno mismo sabiendo que esta es la única vida que tenemos.

Hace tres años te juzgué mal, nos juzgamos mal, pero dicen que el destino es muy sabio, y quizás entonces no sabíamos que podríamos formar el mejor de los equipos. Que podríamos ayudarnos el uno al otro a poner los pies en el cielo, demostrarnos que el amor es una historia en el que loco y loca no buscan encontrar la cordura, tan solo quieren disfrutar de su locura. Y que pase lo que pase, estaremos juntos, ya nos haga la vida miles de perrerías. 
Que cuando aquel día, bajé a mi portal y te vi sentado en aquel banco, me hiciste sentir flor entre tanto capullo que hay en el mundo. Aunque suene muy cursi, es así, tal cual. Porque jamás pensé que tú, precisamente tú, me hicieras sentir tantísimas cosas a la vez. Pero claro, ahora sé que eres como eres: soñador, transparente, risueño, capaz de todo, imprescindible, tenaz, mi amor hecho persona. 

Porque hoy no solo te tengo que dar gracias por estos dos meses y por tu grata compañía, si no también porque me has vuelto a parar el tiempo, has detenido las manecillas del reloj en ese minuto exacto, y no quiero volver a ponerle las pilas y que de nuevo el tiempo nos ponga contracorriente. Quiero seguir pensando que un lunes con tu risa puede ser perfectamente mejor que un sábado noche, que es momento de que nos tiemblen las rodillas, de perder los principios y empezar por los finales, de vivir lento (que ya aumentaremos el rito por las noches). Quiero querer romper estas cuatro paredes a tu lado, dejarlas hecha añicos, que nos miren y piensen que hemos reducido a cenizas todo lo que teníamos. Pero lo que no saben es que aun nos tendremos el uno al otro y ya habremos salido de la jaula. ¿Entiendes? Habremos roto los barrotes, habremos volado, habremos dejado de inhalar y exhalar y habremos vuelto a vivir.

7.6.14

Metamorfosis.

Sin petición, así porque sí. No como una sugerencia. La vida coge y te saca la ropa del armario, cambia los muebles de sitio e invierte el cabecero de la cama. Sin querer queriendo, la vida va y te cambia de prota y mejora el guión. Solo queda aceptarlo, y asegurar que a veces, cuando te olvidas de todo, te das cuenta de que eso era realmente lo que querías. 

26.5.14

28.

Todo es negro y siento como las cuatro paredes de este hoyo me aprisionan y casi me dejan sin respiración. Me falta el aire y las piernas me tiemblan, la luz allá arriba es cada vez más fuerte, aunque por más esfuerzos que hago, no soy capaz de alcanzar un pequeño rayo de Sol. Me ahogo, me ahogo entre lágrimas secas. Las rodillas y los tobillos me fallan, estoy a punto de derrumbarme. Sujeto con mis manos aquellas paredes intentando sin ningún resultado, escapar de aquella presión. El suelo está cada vez más cerca de mi rostro, el olor a tierra mojada comienza a invadirme. Un último vistazo al pequeño haz de luz, y le veo. Hay alguien ahí fuera, veo esa sonrisa. Intento gritar, pero es demasiado tarde. Ya solo hay oscuridad y olor a campo húmedo.

La adrenalina sube por mi estómago y llega hasta mi garganta, hasta que huye de mi con un grito mudo y un sudor frío cayendo por mi frente. La luz que entra por la cortina apenas opaca me deslumbra y me castigo por no haber bajado la persiana por la noche. Cuando ya no necesito entrecerrar los ojos y me acostumbro a la claridad, percibo que mi respiración es totalmente arritmica y acelerada, por lo que decido concentrarme en cada uno de mis músculos, intentado eliminar toda tensión que haya en ellos, relajando y controlando, o intentando controlar, mis inspiraciones. Pero cuando al fin consigo calmarme, a mi derecha un fuerte suspiro vuelve acelerarme el corazón. Acostumbrada a dormir sola, aquello era un factor sorpresa para mí. 

Me acerco al borde de mi cama que coincide con el perímetro de la suya, y suavemente, intentando no despertarle, le acaricio la cara. Tan suave e impoluta como siempre. Las sábanas le dejan al aire medio pecho desnudo, y sus clavículas se marcan con cada movimiento que el sueño que debe estar teniendo le provoca; ese mismo movimiento que le aleja del filo de la cama en el que yo me encuentro, dejando un hueco entre él y yo que delicadamente salvo escurriéndome a su lado entre las sábanas. A pesar de lo pequeñísima que soy, él es tan grande que ocupa casi todo el colchón, por lo que mido meticulosamente la distancia exacta para no despertarle pero sí para percibir su olor. El perfume entre los perfumes, ese que no se vende en ninguna tienda, el olor de su cuerpo que me quema la nariz provocando un placer enorme que desemboca en una sonrisa. Me apetece besarle, peros si lo hago se despertará. Me acerco un poco más, casi puedo sentir un leve roce de nuestras narices, y acaricio sus labios con los míos. Es tentador, pero me controlo, solo un rato más, hasta que le noto suspirar y me despego para ver sus ojos entreabrirse, intentando entender por qué no estoy en la cama de al lado, ya que en esa apenas cabemos los dos. 

Y de repente, clava sus pupilas en las mías, sonríe y descansa su cabeza sobre mi pecho. Y mientras hundo la nariz en su pelo, una sensación de felicidad máxima me invade. Es entonces cuando lo comprendo. Los pozos en mis sueños, las cuatro paredes presionándome, la oscuridad y el rayo de luz que nunca puedo alcanzar. Y la sonrisa. Esa misma sonrisa que sé que ahora mismo él tiene en su cara, mientras me rodea con sus brazos y respira al compás de mis latidos. Siempre fue él; él y su sonrisa. 

Quizás en sueños no pueda alcanzar tu sonrisa y gritar y decirte que me ayudes, pero en la realidad, ni palabras hicieron falta para que me abrazases, me sonrieses y me dijeses, que todo iba a salir bien.